Monday, January 15, 2007

No llama


Hace dos días que no sé nada de ella. Seguirá enfadada, claro. Supongo que no estuve muy fino la última vez que nos vimos. Pero qué coño, ella tampoco. Se lo merecía. Nadie me había hablado así nunca. Nadíe lo había hecho creyéndose con tantos derechos, arrojándo tantas cosas viejas a cara.

Ahora no sé que hacer. Miro mi móvil cada tres minutos. Sí, tiene batería y cobertura. Pero no suena. El silencio de mi teléfono no es lo que más me duele, sin embargo. Lo que de verdad me quema por dentro es pensar, imaginar, que el suyo sí esté sonando.

Tuesday, August 08, 2006

Locos por la música


Todo el mundo dice tener una canción que le pone los pelos de punta. Una canción que relaciona con un amor, presente o pasado, o con un momento muy concreto de su vida, generalmente feliz. Pues a mí no me pasa.

Lo mio con la música es raro. Me encanta, me relaja, me estimula, me sacia... pero no consigue engancharme. Admiro a todos mis amigos con esas estanterías repletas de CDs o vinilos -los más exquisitos o nostálgicos-, pero yo no consigo sumarme al carro del consumismo musical. Ni en el top manta, vaya.

No tengo un grupo musical favorito, aunque algunos me gusten más que otros. No tengo "todos los discos" de nadie. Tampoco me dejaría una pasta por ver a nosequién en un concierto a cientos de kilómetros de mi casa. Me siento musicalmente asexual, es decir, que ni me va ni me viene.

Igual soy un monstruo en esta sociedad en la que la pasión por la música, sea del tipo que sea, es algo común en todos los escalafones sociales. No me he comprado un disco en los últimos 12 años, por lo menos. Y cuando llego a casa no pierdo el culo por poner a mi cantante favorito. Con todo, jamás diré que la música no me guste. Todo lo contrario. ¿Seré raro?

Wednesday, June 21, 2006

Los nuevos gladiadores


DESENCUENTROSENLATERCERAFASE Ave Cesar morituri te salutant, gritaban los gladiadores de la antigua Roma antes de saltar al circo. Se trataba de hombres de honor, auténticos. Y, aunque la mayoría fueran ladrones de renombre, la gente los respetaba por su osadía y fidelidad. Hoy, la película ha cambiado. Mucho.

Ya no hay gladiadores al uso, aunque sí personajes que han tomado su relevo en cuanto a estatus social. Y no porque la gente respete y admire su dedicación, su trabajo, sino porque ellos mismos se han colgado esa corona. Me refiero a los camareros de noche; a esas chicas exhuberantes e hiper puestas, y a esos musculitos con hoyuelos que penden al otro lado de la barra. La mayoría no sabe ni poner un combinado, pero queda bien con la decoración del nuevo ocio fashion.

Me irritan profundamente y, por si alguno lo cree, no es porque tenga envidia de sus estupendos físicos. Lo que me toca la entrepierna es que uno de esos gladiadores del siglo XXI, cuya única heroicidad es lidiar de vez en cuando con algún que otro borracho, me mire por encima del hombro cuando me sirve una copa; y a precio de maná, por cierto.

El otro día me las vi con uno de ellos, que intentaba hacerme creer que un vodka con limón se sirve con naranja. -Yo no te digo a tí cómo tienes que hacer tu trabajo, me despachó en tono de epitafio, mientras miraba de reojo si la niña mona que esperaba en la barra a mi lado había notado que tenía un piercing en el pezón. -Menos mal, pensé. Y aparté la naranja con una sonrisa.

Tuesday, May 30, 2006

Siempre fieles


Hace unos días vino a mi cabeza una reflexión extraña: ¿Por qué cuando se muere alguien, su perro le sigue por el mismo camino en poco tiempo? Es algo que pasa con mucha frecuencia, de verdad. Estuve pensando en eso durante horas. ¿Será porque se crea una conexión sobrenatural entre amo y mascota? ¿Será que los animales pueden morir de pena? ¿Puede suceder lo contrario, es decir, que se muera el perro y que en pocos días se muera su dueño? Si es cierto, acojona. Por lo menos para quienes tenemos perro. La mía, que es una santa, me ha prometido que me va a sobrevivir. Para que no me preocupe. Es más buena... ahora ya me puedo morir en paz.

Thursday, May 18, 2006

¿Un café?



DESENCUENTROSENLATERCERAFASE Hay cosas que sólo me pueden pasar a mi, y porque soy tonto. Cuando me levanté ayer -fue día asfixiante como pocos- se me erectó el espíritu veraniego. Ni corto ni perezoso eché mano a mis pantalones blancos -los únicos que tengo al margen del uniforme sanferminero- y salí de mi casa como si agosto acabara de llegar a El Corte Inglés.

Todo fue bien por la mañana y mi ego crecía por momentos, comprobando a cada poco si el sol me había puesto un poco morenos los brazos. Después de comer con una amiga, el estío me catapultó a una nueva y sobreada terraza con vistas al parque donde apurar un café con hielos antes de volver al trabajo.

Oh mísero de mí: cuando iba a pasar el cafetito al vaso de los hielos, mis problemas psicomotrices vertieron el caldeado líquido por encima de mis pantalones blancos, todo, a la altura de una zona que no voy a comentar pero concentrando la mancha alrededor de mis, por decirlo fino, posaderas. Parecía cualquier cosa menos café...

Mientras mi amiga se dedicaba a descojonarse y a hacer fotos del estropicio con su cámara digital nueva, mi vergüenza, que ya había entrado en erupción, me recordó que no me daba tiempo a pasar por mi casa para cambiarme antes de ir al curro.

Tapando mi culo, una chaqueta de punto de mi amiga, que por cierto seguía haciendo fotos, y destino, la tienda más cercana. Allí me esperaban cientos de pantalones en perchas y la vergüenza de explicar a una dependienta estresada por trabajar al mediodía que me los iba a llevar puestos. La chica me puso buena cara, esforzándose por edulcorarme el amargo trago y yo sentí alivio hasta que me hizo el fatídico comentario: -Si te sirve de consuelo, no huele. -Puta, pensé

Monday, May 08, 2006

Como Cervantes


El otro día, relajado en casa y con el cigarro en la mano, miraba de reojo mi viejo ordenador portátil, que acumula polvo y decora una esquina de mi minúsculo salón. Pensé en él como herramienta, más que nada por buscarle una utilidad.

Me imaginé escribiendo un libro, algo con fuerza, con gancho, algo que pudiera interesar a alguien. Rastreé mi mente -suelo presumir de tener imaginación- en busca de esa historia rompedora. Lo hacía de un modo más o menos desganado, la verdad, pero convencido de que no me costaría mucho inspirarme.

Y así fue. La musa me susurró al oído y casi me hago pis del gusto. Era la hostia, con perdón, y algo que no se había escrito hecho nunca. Rápidamente, me incorporé y agarré con ansia mi ordenador. Estaba impaciente por ver mi nombre escrito en oro en el lomo de un libro. Como Cervantes, soñé.

Mientras se encendía sonó el teléfono. Hablé con mi madre unos minutos -sí, ama, como bien y llego pronto a casa...- y al colgar regresé al sofá donde la pantalla de mi ordenador brillaba con fuerza, como insinuándose. Pensé: ¿Qué coño hace esto así? Y encendí la tele.

Sunday, May 07, 2006

Semos vascos

DESENCUENTROSENLATERCERAFASE Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Perdón. He estado liado. Liado a la liana. En fin: he vuelto y lo hago con ganas, con ganas de juerga.



Me dijo un colega: "¿Y tú desde cuándo eres vasco?" "Pues no sé, desde siempre. ¿Y tú?". "Desde hace dos semanas". "¡Anda la hostia!¿Y eso?" "Fue cuando me enteré del secreto que nos hace diferentes al resto" "chsss..., alguien puede oirnos".